Un sueño truncado por cuatro kilos de má

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Un sueño truncado por cuatro kilos de má

Mensaje por RGimnasia el Lun 14 Abr 2008 - 8:43

ENTREVISTA A TANIA LAMARCA


Un sueño truncado por cuatro kilos de más


Tania Lamarca, campeona olímpica en la categoría de gimnasia rítmica en los juegos de 1996.
Actualizado martes 08/04/2008 20:49 (CET)
JULIA GIRÓN
Juegos Olímpicos de Atlanta, 1996. Muchos quizás todavía recuerden el momento en el que el conjunto español de gimnasia rítmica subía al pódium para recibir el que, 12 años después, sigue siendo el primer oro que España ha cosechado en esta categoría. A pesar de que ninguna de ellas superaba la mayoría de edad, aquel increíble combinado de gimnastas logró vencer a Rusia y Bulgaria. Sin embargo, la gloria suele ser efímera, más todavía cuando va acompañada de estrictas dietas y rígidos horarios. Ahora, Tania Lamarca, la más menuda de aquellas niñas, que en aquel entonces contaba 16 años, recoge su testimonio en 'Lágrimas por una medalla'(Editorial Temas de Hoy); y para el que ha precisado de la ayuda Cristina Gallo, periodista deportiva que vivió en primera persona aquellos juegos.

YODONA.COM. Subida en el pódium y sin poder dejar de derramar lágrimas... ¿Fue en ese momento cuando empezaste a tomar conciencia de dónde estabas, que suponía haber llegado a unos juegos olímpicos, a tener un oro entre tus manos...?
Totalmente. Cuando llegue a los juegos y, sobre todo, cuando asistí al desfile inaugural, que a mi me impactó muchísimo, fue cuando empecé a sentirme una deportista de élite más, a equiparme con un nivel que yo ya tenía pero que todavía no había terminado de asumir. Quizás porque, hasta entonces, había estado sumergida en esa burbuja de Madrid, en una dinámica de estrictos entrenamientos que me habían mantenido aislada completamente. Fue cuando realmente dije: "¡Dios mío, los Juegos son los Juegos!". Hasta entonces ni me había planteado lo que aquello significaba.

YD. ¿Por qué has eperado tanto tiempo para contar tu historia?

Sencillamente, porque ahora puedo contarlo sin que me duela. Pero han tenido que pasar 12 años para poder pasar página. En aquel momento no lo hubiera podido hacer; tampoco hace cinco. Me ha ayudado mucho la introspección a la que me sometió Cristina en sus interminables entrevistas, consiguiendo que le dijese cosas que nunca había contado antes.

YD. En el libro relatas tu llegada a Madrid, concretamente al chalet donde convivirías durante cuatro años junto al resto de tus compañeras. Describes una escena, desde mi punto de vista -y con seguridad de todo aquel que tenga la oportunidad de leer este estremecedor testimonio-, incomprensible, más aún para una niña de 14 años, que es la edad que tu tenías entonces. Lo primero que encontraste al llegar a esa casa fue una báscula situada en el centro del salón y una cocina cerrada con candado excepto en horario de comidas.

En ese momento, aquello no me parecía duro porque sabía que para alcanzar lo que yo quería tenía que ser así. Era un sacrificio que, después, traía sus recompensas. Luego empiezas a entender que entre el esfuerzo y la recompensa había demasiada descompensación. También es cierto, que, en la época de los Juegos, yo estaba muy delgada y, ni mucho, menos porque no comiese. Puede decirse que era una privilegiada con respecto a mis compañeras y, de vez en cuando, disfrutaba de algun extra. Aun así, estando delgada, al pesarte diariamente, conseguían que te obsesionaras con el peso. Realmente, la situación se complicó después de aquellos Juegos, cuando engordé unos cuatro kilos de más de lo establecido por la Federación. Por más que seguía las indicaciones alimentarias recomendadas, no lograba deshacerme de ellos. Finalmente, la Federación acabó por echarme del equipo.

YD. Cuando todo acabó, prometiste no volver a pesarte nunca más... ¿lo has cumplido?

Es cierto y la verdad es que, desde entonces, sólo me he pesado dos veces. La primera cuando conocí a mi actual marido. Fue él el que me animó a que lo hiciera. Sólo puse una condición: si peso más de 55 kilos no me lo digas. Fueron 54, menos mal (risas). La siguiente vez fue para mi boda, por todo el lío del vestido. Aunque parezca una tontería, acostumbrada a verte siempre tan delgada, empezar a engordar fue un cambio para mi. Ahora ya no me preocupa ni lo más mínimo.

YD. ¿Han cambiado las cosas dentro de la gimnasia rítmica de competición?

Ahora la edad se ha ampliado incluso hasta los 22. También se comienza a competir a una edad algo más tardía y ya no se establece un control tan riguroso del peso. Creo que antes se prestaba más atención a los números que marcaba la báscula y no tanto al aspecto físico de la deportista. Daba igual que tu aspecto fuera saludable, si un día pesabas 200 gramos más te llevabas una bronca del quince. Era absurdo, ese aumento podía ser perfectamente el de haber ingerido un vaso de agua. Confío en que las cosas, por lo que se, han cambiado en este sentido.

YD. ¿Cuál es ahora tu relación con la Federación?

Ninguna. Nunca más tuve relación con ellos.

YD. Ahora que ves que Almudena Cid, que entonces era compañera tuya (aunque en individual), ha conseguido 12 años después colocarse entre las mejores del mundo, entrando en la historia de la rítmica por su clasificación para Pekín 2008. ¿Cómo reacciona el cuerpo? ¿Un poco de envidia sana?

Con Almu empecé a entrenar desde los 9 añitos porque ella es de Vitoria también. Allí compartimos club, entrenadora...; y luego seguimos siendo compañeras en Madrid. Es gratificante ver cómo se ha convertido en una de las grandes y que vaya a competir por cuarta vez en unos juegos. Eso en la gimnasia no hay nadie en el mundo que lo haya hecho antes. Me parece admirable. Pero, si me preguntas si me da envidia, te digo claramente que no me pondría en su lugar. Ahora llevo una vida completamente plena y soy feliz con lo que hago.

YD. Sin embargo, sigues ligada a esa pasión tuya que ha sido la gimnasia rítmica. Aunque, eso si, de un modo mucho más local...

Ahora disfruto muchísimo, pero a nivel escolar como entrenadora de gimnasia rítimica de niñas de 13 años.







Me parece a mi, y con el morbo de los periodistas, que este ñibro va a hacer mas mal que bien a la gimnasia ritmica
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